Alfredo Ollero Ojeda, Profesor de Geografía Física, Universidad de Zaragoza

Cuando en 1633 el gran Galileo pronunció la famosa frase eppur si muove, “y sin embargo se mueve”, fue más allá de constatar un hecho demostrado: expresó rebeldía frente a los dogmas, reivindicó su libertad de pensamiento y puso en valor la gran dinámica terrestre, el maravilloso funcionamiento de nuestro planeta.

Me permito sacar de contexto aquella frase memorable para dedicarla a nuestros ríos, esos sistemas naturales cuyo valor más preciado y necesario es su exultante libertad, mientras sin embargo sufren tan intensamente la tiranía de nuestros intereses socioeconómicos.

Todos los cursos de agua son el sistema natural encargado del transporte de agua y sedimentos desde todos los rincones del continente hasta el mar. En su viaje el río nunca es continuo, sino que cambia constantemente, en todas sus variables, en el espacio y en el tiempo. Este cambio continuo es una dinámica hidrogeomorfológica, dirigida por el agua y los sedimentos, una dinámica rica y compleja que es estudiada por ciencias y saberes como la geodinámica, la hidrodinámica, la morfodinámica, la hidrología, la geomorfología y la dinámica ecológica.

Múltiples actuaciones humanas alteran o destruyen la dinámica fluvial natural. El objetivo de estas acciones es reducir o eliminar la dinámica y estabilizar el funcionamiento del río y su propia morfología. Así, la regulación (embalses) altera la dinámica hidrológica, las defensas de margen impiden o modifican la dinámica lateral, los dragados destruyen los cauces naturales, etc., etc. El humano pretende con todo ello consumir río (agua, sedimentos, espacio) y privarle de libertad para que no moleste a determinados intereses socioeconómicos.

Y a pesar de ese empeño ciego, continuo, universal por dominar a los ríos y reconvertirlos en canales estables, sin embargo se mueven, se siguen moviendo, sus crecidas siguen venciendo a nuestra bravuconería, se siguen adaptando a las presiones que sufren, se ajustan a los impactos, se autorregulan y siguen cambiando, todo lo que pueden a pesar de las constricciones que intentamos imponer, siguen en busca de ese casi-equilibrio tan imposible como innecesario, pero objetivo inconsciente del trabajo del río en su permanente autoajuste y autorregulación.

Porque la dinámica fluvial es el corazón de nuestro sistema natural más libre y complejo, el formado por ríos, torrentes y barrancos. Dinámica es la palabra clave, implicando movimiento, cambio continuo y libertad. Todo en los ríos es variable, irregular, libre, cambiante, dinámico. Ningún sistema natural cambia con tanta rapidez, a cualquier escala, en cualquier territorio. Y esta magnífica dinámica fluvial genera diversidad y complejidad, de tal manera que los ríos son muy difíciles de estudiar, de controlar, de responder a nuestros esfuerzos por comprenderlo todo con leyes y teorías.

río Oja

La dinámica, ese y sin embargo se mueve, es la clave de la grandeza de los ríos. Pero no es un paradigma, un concepto de máximo uso. Los conceptos científico-técnicos-ambientales de mayor importancia en la actualidad son sin duda el cambio climático, la biodiversidad, los servicios ecosistémicos y la infraestructura verde. Pero veamos cómo ninguno de ellos, al aplicarlo a los ríos, tiene sentido sin la dinámica.

El cambio climático y el cambio global influyen sin duda en el funcionamiento fluvial, en la dinámica. Constituyen un factor entre muchos y también con capacidad de alterar esa dinámica. Es interesante estudiar cómo y cuánto inciden, pero es muy difícil, ya que la respuesta fluvial es muy compleja y resulta casi imposible cuantificar en cada punto de cada río cuánta dinámica es natural, cuánta dinámica está alterada por acciones humanas locales y cuánta dinámica se está viendo influida por el cambio climático y el cambio global. Es uno de nuestros grandes retos en la hidrogeomorfología fluvial. Y luchar contra el cambio climático es uno de los grandes objetivos de nuestro tiempo, pero hay que hacerlo trabajando sobre las causas, porque si se hace sobre los efectos se puede dañar la dinámica fluvial.

La biodiversidad es otro gran objetivo de nuestro tiempo, pero parte de la base de que lo biótico tiene más valor que lo abiótico en la dinámica global del planeta. Y esto no debería ser apreciado así. Al contrario, lo biótico depende de que lo abiótico esté bien. Las dinámicas ecológicas solo serán ricas y complejas si las dinámicas hidrogeomorfológicas son naturales, diversas y complejas. Más importante que la biodiversidad es la geodiversidad, ya que se encuentra en la base de la dinámica. La maravillosa dinámica hidrogeomorfológica fluvial genera geodiversidad y esta a su vez propicia la biodiversidad. Por eso la restauración fluvial tiene que ser hidrogeomorfológica y no biológica. El objetivo de la restauración fluvial debe ser recuperar la dinámica hidrogeomorfológica natural para que el río trabaje a continuación él solo en consolidar y mantener esa dinámica y en ir construyendo sobre ella las dinámicas ecológicas.

Los servicios ecosistémicos son el actual paradigma para demostrar el valor de los sistemas naturales, para dejar claro lo mucho que nos aportan a los humanos, unos beneficios que sabemos que son infinitos e incalculables. Redundando en lo expuesto hasta aquí, la dinámica fluvial es la fuente principal de servicios y la garante de que todos los servicios lleguen a su destino. La dinámica es riqueza, transporte y expansión de las múltiples funciones fluviales, que para nosotros se ofrecen como servicios. Un río convertido en un canal regulado no nos aporta nada, salvo agua para el uso privado de unos pocos. Si queremos servicios y beneficios ambientales necesitamos dinámica natural en ríos complejos de verdad.

La infraestructura verde es la manifestación territorial-ambiental de moda. El término en sí es poco afortunado, en mi opinión, pero tiene el sentido de que los sistemas naturales y algunos sistemas humanos asociados necesitan un espacio interconectado para el objetivo de poder extender y entregar los servicios ecosistémicos. En el caso de los ríos la infraestructura verde es conectividad y espacio. Y la dinámica fluvial es la creadora y la garante de la conectividad y del espacio fluvial. Nada como la dinámica hidrológica de inundación y retorno o la dinámica geomorfológica de erosión, transporte y sedimentación para interconectar todo el espacio fluvial en sus dimensiones longitudinal, lateral, vertical y temporal. Nada como la dinámica hidrogeomorfológica en su conjunto para construir el espacio fluvial. Sin dinámica hidrogeomorfológica natural no puede haber infraestructura verde. Por eso es fundamental en restauración fluvial devolver espacio al río, quitarle al río los obstáculos que dificultan su dinámica, porque solo así podrá seguir autoconstruyéndose, desarrollando todas sus complejas interconexiones, creando infraestructura verde.

esquema

Trabajar por los ríos es luchar contra la tiranía del hormigón, contra la mentalidad desarrollista que los destruye. Es trabajar a favor de su dinámica, por su libertad, para que se sigan moviendo, eppur si muove, cada vez con más espacio, con más funciones, con menos presiones.

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