Por Fernando Bandín (Fragas do Mandeo)

Betanzos, septiembre de 2016. El profesor José Guitián Rivera se extiende en su charla. El público está absorto escuchando cómo elaboró los ingeniosos experimentos con los que evidenció el papel que juegan las aves y mamíferos en la dispersión de semillas de árboles y arbustos en las sierras del oriente gallego.

No me atrevo a interrumpirle para advertirle que su tiempo se ha agotado hace un buen rato. En el turno de preguntas insiste en los efectos negativos del avance del bosque. Sin embargo, los siguientes ponentes, los profesores Javier Amigo y Manuel Antonio Rodríguez Guitián, buenos conocedores de nuestra comarca disienten.

¿Cómo es posible que estas eminencias no se pongan de acuerdo? ¿Sobran o faltan árboles? En ocasiones como ésta, las paradojas son simplemente cuestiones mal planteadas: ambas posiciones son certeras.

El abandono y envejecimiento de la población en la montaña gallega han hecho que el paisaje en mosaico creado en su día por la actividad agropecuaria desaparezca aceleradamente, en favor de masas boscosas más amplias, pero menos heterogéneas, donde dominan unas pocas especies de gran envergadura, a la par que se reduce la diversidad de la fauna y flora que favorecían los ecotonos. Es difícil pergeñar una fórmula que logre atenuar esa transformación del paisaje.

No ha sucedido lo mismo en nuestra comarca, situada en la costa y con alta densidad poblacional. Las fotografías aéreas tomadas hace seis décadas confirman que apenas han aumentado los escasos bosques autóctonos, ya entonces relegados a las zonas más abruptas de los valles fluviales. Por el contrario, las explotaciones forestales dominadas por Eucalyptus globulus han robado grandes extensiones a la agricultura, llegando incluso a degradar laderas improductivas tras ocuparlas espontáneamente. Incentivar económicamente su sustitución por monocultivos de especies de maderas nobles atenuaría el problema subyacente, pero no lo resolvería.

Aquí faltan bosques donde las 22 especies locales de árboles autóctonos prosperen, formando masas suficientemente grandes como para permitir el despliegue de una variada flora nemoral y el robustecimiento de las poblaciones de fauna forestal. Donde los árboles puedan completar su ciclo vital, maximicen sus servicios ecosistémicos y sean auténticos refugios de biodiversidad, incluso cuando ya han muerto. Bosques en los cuales poder admirar la magnificencia de aquellos hace siglos desaparecidos de nuestra comarca.

Plantando árboles

A todo el mundo le gusta plantar árboles. Es entretenido, no cuesta gran esfuerzo y en una mañana se obtiene la bula para todos los pecados de consumismo irrefrenable que se cometan a lo largo del año. Si además participan niños, es altamente probable que lo recoja la prensa, lo cual permitirá alardear de haber sido protagonista de un evento noticiable. No hace falta preocuparse de asuntos tediosos, tales como si lo que se planta es una especie autóctona, ni sobre si es propia del hábitat que la acoge; tampoco de si se ha garantizado su permanencia hasta la edad adulta.

Cuando algunas empresas nos consultan sobre la posibilidad de ayudarnos a plantar árboles ―habitualmente más interesadas en team building o en low cost marketing que en materializar su responsabilidad social empresarial― se sorprenden cuando les decimos que plantar árboles es lo que menos nos preocupa. Para llegar a ese punto, primero tenemos que captar fondos entre nuestros simpatizantes y adquirir una parcela en una zona de alto valor ambiental; a continuación, hemos de cortar y secar las especies exóticas, preparar la parcela para su evolución a bosque autóctono y, eventualmente, plantar o sembrar árboles.

Posteriormente habrá que realizar labores de mantenimiento hasta que los árboles alcancen un tamaño que aconseje ceder el control a los procesos naturales. Por último, esperar un siglo para ver un hermoso bosque.

Deseucaliptizando

Estela es una mujer alta, alegre y deportiva. En su primera jornada de voluntariado nos contó su epifanía. Mediado un concierto de The Boss, se sintió agotada de tanto bailar. En el escenario, aquel vejestorio que podía ser su padre continuaba infatigable. Tenía que cambiar de vida y lo primero era dejar de fumar. Lo ha logrado y siempre que puede acude a nuestras convocatorias (le debemos una, señor Springsteen). Cada voluntario tiene sus motivaciones y a ella le gusta especialmente el esfuerzo que conlleva deseucaliptizar: es la primera en tomar una pulaski y preguntar por dónde empezamos.

Las pulaskis se comercializan con el nombre de hacha-azada, pues por un lado son un hacha convencional y por el otro tienen la hoja recta de una azada. Nosotros afilamos ambas hojas y le ponemos un mango de un metro de largo, lo cual nos permite trabajar erguidos cuando secamos los tocones de los eucaliptos.

Los maderistas son eficaces: arrasan con todo árbol que encuentren a su paso. Una vez se han llevado la madera que les interesa, dejan la parcela como un desolado campo de batalla. Los voluntarios hemos de recoger todas las ramas y amontonarlas en distintos puntos. Mientras se pudren lentamente y sus nutrientes se reincorporan al suelo, servirán de refugio a los microvertebrados que habitaban la parcela.

Al retirar las ramas encontramos arbolillos que se han salvado del cataclismo gracias a su flexibilidad juvenil. Hay que ponerles tutores e incluso protectores, pues los corzos gustan de ramonear sus yemas y en ocasiones son objeto de los embates de los machos. Por último, hay que evitar que rebroten los eucaliptos.

El método que utilizamos depende del tamaño del eucalipto. Si el grosor del tocón es inferior a los 6 cm, simplemente lo arrancamos. Para ello, primero retiramos con la azada algo de tierra a su alrededor para localizar las raíces. Con un giro de muñeca se pasa a modo hacha y se cortan las raíces secundarias que salen hacia los laterales. Luego se vuelve al modo azada y se da un certero golpe a la raíz principal por debajo del lignotubérculo. Para ello es útil haber determinado el lugar exacto de la raíz principal dándole unos golpes al tocón.

El lignotubérculo es un engrosamiento situado en la transición entre la raíz y el tronco. En ella el eucalipto almacena unas reservas que le permitirán sobrevivir a los incendios y a cualquier otra incidencia, como eran los destrozos que les provocaban los megamamíferos australianos en tiempos pretéritos. El eucalipto cortado, roto o quemado puede rebrotar tanto de la parte aérea del tocón (los restos del tronco) como de la parte subterránea (el lignotubérculo), pero no de las raíces.

Cuando el tronco es demasiado grueso para aplicar el método anterior, lo que hacemos es arrancar con la pulaski la corteza del tocón, para lo cual son útiles ambas hojas. El objetivo es alcanzar la madera y dañar severamente el tejido meristemático, situado entre la corteza y la albura, pues de él surgen los rebrotes.

Con ello no se garantiza la muerte del tocón en todos los casos, ya que siempre puede rebrotar de la parte no accesible del lignotubérculo. Pero los daños infligidos suelen provocar su pudrición, especialmente si la operación se realiza cuando los días comienzan a ser cortos y llueve abundantemente. En los casos más resistentes, donde incluso los brotes tiernos sobreviven a las heladas invernales, basta con repetir la operación en los puntos de rebrote.

Las setas que nacen en los tocones muertos, y los insectos saproxílicos que se alimentan de ellos, dan fe de que este método es tan efectivo como ecológico. Podríamos ahorrar esfuerzo utilizando productos químicos, pero no conocemos ninguno con garantías de inocuidad. Tampoco recurrimos al uso de maquinaria pesada, debido a la elevada pendiente, a los numerosos afloramientos graníticos y a que también se dañarían los tocones de las especies autóctonas, buena parte de los cuales rebrotan con mucha fuerza una vez eliminada la competencia de los eucaliptos.

Más allá del bosque

Betanzos está situado en la confluencia del río Mandeo y de su principal tributario, el Mendo. La cercanía del mar hace que las mareas sean patentes en la villa. Por ello son frecuentes las inundaciones cuando las avenidas de agua creadas por las borrascas no evacúan al mar por coincidir con la pleamar de una marea viva.

La solución está fuera del municipio, pues son las brañas localizadas en la cabecera de la cuenca y los bosques de ladera a lo largo de su curso quienes pueden amortiguar los picos de las avenidas. Los expertos en el cambio climático nos advierten sobre la subida del nivel del mar y del incremento en la frecuencia de eventos extremos, desde las sequías a las inundaciones. Así que este problema se agravará.

Aquí vemos un claro ejemplo de cómo los servicios ecosistémicos de nuestros bosques, más allá de su papel como refugios de biodiversidad, son clave para determinadas poblaciones. El abanico es amplio: desde la recarga de los acuíferos hasta el efecto barrera frente a los incendios originados en las explotaciones forestales. Incluso aquellos servicios de naturaleza intangible, como los valores estéticos de su paisaje, tienen una clara traducción económica, beneficiando en este caso al sector turístico. De las inversiones públicas en la lucha contra las inundaciones o los fuegos, de abastecimiento de agua o de promoción turística, entre otras, ¿cuánto se destina a la recuperación de estos bosques? Parece que su estado solo preocupa a los amantes de la naturaleza.

Por otra parte, las explotaciones forestales en las laderas del valle no pueden realizar plenamente los mismos servicios ecosistémicos que un bosque autóctono maduro. En nuestra comarca, el ciclo medio de explotación del eucalipto son 14 años. Nunca alcanzan la madurez, siendo meros arbolillos la mayor parte de su vida.

Al menos una vez cada tres lustros se produce la tala a mata rasa de la parcela, acompañada de intensos procesos erosivos. Los rendimientos económicos, en esas condiciones orográficas, son tan bajos que no justifican la ausencia de bosque autóctono. Sin embargo, estamos de acuerdo con sus propietarios: no están obligados legalmente a preocuparse por el bien común.

Aunque popular en el sector forestal, el eucalipto carga con el lastre de ser en nuestra tierra una especie exótica invasora. Un dictamen reciente del Comité Científico de Flora y Fauna Silvestres del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente asevera que cumple los criterios de la UICN para calificarlo de tal guisa, por lo cual recomienda su inclusión en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. En concreto, este órgano consultivo considera que transforma el medio, modifica el funcionamiento de los ecosistemas y altera las características fisicoquímicas del suelo, desplaza la flora y fauna autóctonas, disminuye la biodiversidad, aumenta el riesgo de incendios y coloniza espacios abiertos tanto naturales como semi-naturales y antrópicos. Resumiendo: ¡Una joya!

Un poco de tiempo

Estela y el resto de los voluntarios volvemos de las jornadas de deseucaliptización agotados, pero realmente satisfechos. Los árboles autóctonos rebrotarán de los tocones o nacerán de semillas traídas por el viento, por aves como los arrendajos y por mamíferos como el tejón.

Cuando sea necesario, reforzaremos el proceso plantando y sembrando, con especial cuidado de utilizar ecotipos locales. Los protegeremos y guiaremos para enderezarlos. Mientras sean pequeños, mantendremos bajo control a los tojos, zarzas y escobas para que no los eclipsen. Llegado un día, descansaremos a su sombra.

Así hemos recuperado 6 hectáreas de bosque y esperamos hacerlo próximamente en cuatro más. Se equivocaron los lugareños que pronosticaron nuestro fracaso. Y es que la sabiduría popular a veces se equivoca.

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