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Empezar fue fácil. En primer lugar porque la memoria del gran incendio que en 1993 devastó 8 000 hectáreas en la zona sigue viva. Y fue fácil también porque ya entonces los vecinos y vecinas de Quéntar y los municipios cercanos se organizaron para mantener un vivero forestal durante 2 años, sembrando miles de encinas y eso es algo que no se olvida. Pero además, cada verano son muchos los conatos de incendios intencionados en el valle y es creciente la conciencia de que nuestros bosques son cada vez más necesarios y están cada vez más en peligro.

La presencia del fuego como memoria y la pérdida de nuestros bosques como amenaza aportó, así, el humus que permitió que una simple propuesta pudiera prosperar: bastó una llamada a la acción, para que muchas manos se mostraran dispuestas a trabajar.

Primeros pasos: de una bellotada a un vivero forestal

En otoño de 2017 convocamos una bellotada. Fue una manera de arrancar: sembramos bellotas y elaboramos bolas de arcilla con semillas de arbustos recogidos en la zona. Y fue también la ocasión de constatar que había en efecto un interés común y que tenía sentido plantear más acciones.

primera bellotada 2017
Imagen 1. Primera bellotada en otoño de 2017

Hicimos varias cosechas más y un segundo golpe de siembras. Luego empezó una fase más difícil: reforestar es una palabra que ya por entonces nos venía grande y desde luego es algo más que sembrar bellotas. ¿Por dónde empezábamos? ¿Qué era razonable plantearnos como objetivos? Una fuerte sensación de desorientación nos llevó a entender que era fundamental entrar en contacto con iniciativas semejantes para aprender de su experiencia y dotarnos poco a poco de criterios propios.

Aprendimos muchísimo de los vecinos de Güéjar Sierra: los visitamos, los acompañamos en sus acciones, los invitamos a venir al pueblo a compartir su experiencia y todavía seguimos aprendiendo de ellos. Y visitamos otros proyectos de Granada en Huétor Vega, en Monachil… Queríamos sobre todo proyectos locales, que tuvieran dificultades semejantes y conocimientos adaptados.

A la vez que hacíamos esa exploración cuajó la idea de poner en marcha un vivero forestal. El Ayuntamiento nos cedió un espacio y nos pusimos a trabajar. Fue otro paso. Pero sobre todo un paso que le aportó a la iniciativa concreción. Nos obligó a buscar herramientas de coordinación entre nosotras y a definir responsabilidades. Nos dimos cuenta de que éramos capaces de mantener el proyecto vivo y cruzar las vacaciones, los festivos, el verano sin que la iniciativa se viniera abajo. Y así empezamos a rodar como colectivo.

A partir de esa experiencia y de algunos debates internos fuimos entendiendo que si lográbamos fortalecernos como grupo podríamos empezar a pensar a medio y largo plazo. Y que, cuando hablamos de reforestación, necesitamos pensar a largo plazo.
Tenemos que adaptar nuestro pensamiento al tiempo de los árboles y no al revés. Como grupo, recién acabábamos de germinar y empezábamos a echar raíces: y había sido gracias a la puesta en marcha del vivero.

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Imágenes 2 y 3. Quitando hierbas en las bandejas forestales del vivero (2018)

Errores y autoformación como camino para ir creando referencias comunes

La necesidad de definir objetivos de reforestación más concretos y la disparidad de criterios a la hora de trabajar hizo que, en esos primeros pasos del vivero, hubiera errores, pero que a la vez funcionara como espacio experimental logrando poco a poco referencias compartidas sobre lo que tenía o no sentido hacer. Mientras, seguíamos buscando información y formación, tirando de nuestra red de relaciones para invitar a gente con perfil más técnico a darnos su parecer, a visitar el vivero y aportarnos recomendaciones.

Aún con todas estas limitaciones, conseguimos plantar unas 300 encinas en el otoño-invierno de 2018/19 a las que se les ha podido dar seguimiento, con riegos quincenales en la parte más dura del verano. A lo largo de este 2019 hemos seguido buscando esa construcción de referencias compartidas, tratando de afinar poco a poco nuestra mirada, para ajustar mejor nuestras intervenciones.

Hemos visitado los montes de la zona para estudiar cómo el bosque que destruyó el fuego se abre camino, pero cómo lo hace cambiando sus características; cómo en otras zonas consigue avanzar muy a duras penas; hemos ido sobre el terreno con alguno de los promotores las reforestaciones vecinales de los años 95 y 96, para ver qué decisiones fueron o no acertadas. Vamos estudiando mejor los lugares de intervención y los vamos inventariando para trabajar con ellos a medio plazo, definiendo qué especies pueden ir bien en qué lugar. Vamos observando dónde el bosque tiene relevo generacional y dónde no. Vamos, en fin, sólo empezando a conocer nuestro monte.

Porque ese es finalmente el gran objetivo. Una comunidad responsable de su entorno. Al deshacerse el vínculo de los pueblos con sus montes comunales (bien por progresivas restricciones legales, bien por tecnificación, bien por pérdida de valor económico) se nos ha ido separando también de su cuidado, de su disfrute y de toda la sabiduría que conlleva. Ese conocimiento es el que tenemos que volver a condensar en nosotros para que nuestras propuestas vayan bien orientadas. Buscamos a fin de cuentas bosques vivos, en pueblos vivos.

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Imágenes 4, 5 y 6. Riegos estivales de plantaciones y reciclaje de protectores de reforestaciones municipales

Hacia un proyecto colectivo de reforestación, sensibilización e investigación

Entramos en la tercera temporada desde que empezamos el proyecto y se empieza a notar el rodaje. Este año hemos decidido restringir las quercinias a la bellotada y reservar el vivero para especies de interés especial (por su valor ecológico, etnobotánico, por estar en regresión en la zona, por ser variedades endémicas, etc.) y para diferentes tipos de pinos, que plantean menos dificultades para su cultivo en bandeja y su posterior trasplante y nos permiten entrar en las zonas más áridas, abundantes en estos parajes.

Para la primera bellotada, el próximo 1 de Diciembre, hemos reunido ya más de
20 000 bellotas de encinas de la zona. Tenemos en el vivero plantones listos para plantar este invierno nogales, robles melojos, castaños, almeces, coscojas, quejigos, encinas, pinos carrascos y resineros, olmos y moreras.

bandejas germinando en el vivero y nogales
Imagen 7. Bandejas germinando en el vivero; en primer plano, nogales

Y en pocas semanas, cuando se termine el ciclo de frío al que las estamos sometiendo para romperle la dormancia, estarán listas para sembrar semillas de melojos, arce granadino, mostajos, almeces, acebos, sabinas, serbales, acebos, endrinos, madroños, etc.

muestrario de semillas forestales
Imagen 8. Muestrario de semillas forestales

Estamos intentando enfocar los esfuerzos hacia dos tipos de intervenciones: una de carácter más masivo, más sencillas y con menor seguimiento, fundamentalmente a golpe de bellota y otras, más focalizadas, con especies de mayor interés ecológico y en zonas que requieren una restauración concreta y con un seguimiento más monitorizado.

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Imágenes 9 y 10. Preparando la bellotada en noviembre de 2019

A medida que se va consolidando el proyecto, vamos entendiendo igualmente que la función no es meramente reforestadora. Hay dos pilares que son fundamentales: la sensibilización y la investigación. Por la sensibilización está el acercarnos a las escuelas, el buscar una mayor participación vecinal y el dar a conocer nuestras acciones participando en redes que nos conectan a otros proyectos y grupos semejantes fuera de nuestra zona.

Con la investigación se trata de llevar una memoria concreta de todas las intervenciones que hagamos para poder hacer un seguimiento en el tiempo de manera que, con una adecuada anotación, pueda servir como observación experimental en los años que sigamos o para otros detrás de nosotros. En ese sentido estamos explorando qué herramientas nos permiten hacer un mejor registro y localización de las intervenciones. Pero también es parte de la labor de investigación el ir conociendo mejor la zona, localizando zonas de reforestación estratégica, para definir las especies que conviene reproducir en el vivero para cada temporada y observando nuestros bosques y la diversidad de especies presentes en ellos; y lo es también el documentarnos sobre intervenciones anteriores, tanto públicas como vecinales.

En fin, se trata de ir haciéndonos cada vez más capaces de intervenir de manera lo más ajustada posible a las necesidades de nuestros montes, de conocerlos lo mejor posible y de recuperar una conexión con nuestros bosques que nos permita tomar decisiones que los tengan en cuenta como parte de los elementos indispensables para un buen vivir.

archivo plataforma incendio

señalización mapas

jornada de reflexión sobre objetivos del proyecto 2019-10-15_21-24-25
Imágenes 11, 12 y 12. Archivo del incendio de 1993 de la plataforma vecinal, anotaciones sobre
potenciales zonas de reforestación. Y jornada de reflexión sobre objetivos del proyecto.

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