VIA

https://drive.google.com/file/d/1vaf3Fom3DpXavL0NlX8U_XN5gTQJC12Q/view

Los seres vivos nacemos, crecemos y nos reproducimos, si nos dejan. Con los nuevos nacimientos la Vida se mantiene y cambia en el tiempo y en los lugares propicios. Las plantas como los árboles y los arbustos, en su adultez procuran la creación de frutos y semillas.

Con ello, son fieles a su origen (una vez fueron semilla que germinó y arraigó) regenerando con su existencia la de su progenitor o sus progenitores y posibilitando la de su progenie. En este ciclo hay un intercambio de gametos: el polen fecunda el óvulo dando origen al germen contenido en las semillas. Es la llamada regeneración sexual o germinativa.

Por otro lado, un gran número de estos seres vivos pueden regenerarse a sí mismos con otros propágulos: las yemas. A partir de una parte del individuo puede desarrollarse el total. Por ejemplo, las riadas pueden desmembrar, arrastrar y depositar sauces, tarays, zarzarrosas, etc. Cada parte individualizada puede o no seguir viviendo a partir de sus yemas, siendo el mismo ser en diferentes lugares. Esto último es un tipo de la llamada regeneración asexual o vegetativa. Se regenera o propaga el mismo individuo.

Estas propiedades naturales han sido fundamentales por su manejo desde los orígenes de la agricultura.

PROPÁGULOS

SEMILLAS

Las diferentes formas, tamaños y constituyentes de las semillas están concebidas para favorecer su objetivo de alcanzar un lugar que las permita germinar y crecer. En mutuo acuerdo con el entorno, por lo general las semillas han de alejarse lo suficiente de sus progenitores.
Las hay que aprovechan el viento, el agua o la fauna. Las hay con fruto y sin fruto. Las hay duraderas, como para esperar su oportunidad en el suelo o en la planta, y las hay perecederas que han de germinar en semanas o unos meses. Las hay…

YEMAS

Son órganos con tejidos a la espera de brotar o eclosionar. Proporcionan a las plantas la oportunidad de gestionar el crecimiento y la floración. Los árboles, arbustos y algunas herbáceas viven muchos años, buena parte en su crecimiento van reservando yemas en latencia con acceso directo a los tejidos de reserva.
Las plantas funcionan como un todo, hay yemas en la raíz y en la parte aérea (rizomas, bulbos, estolones aéreos, etc.). Si la planta dispone de estos recursos, los emplea, en función del factor ecológico y el humano.

Las yemas y las semillas de un lugar constituyen su Banco de Propágulos.

FACTOR ECOLÓGICO

La Ecología global o estudio del Planeta Tierra como el hogar o la casa de todos los seres vivos, puede parecer una ciencia moderna, aunque también pueda parecer la más antigua y fundamental. Nuestros ancestros la desarrollaron en vivo y en directo a una escala más a nuestro alcance como individuos y poblaciones.

El factor ecológico ¿puede? definirse como las condiciones reales con las que todo ser vivo se encuentra en su existencia. Su asociación con los generadores de propágulos, en el sentido de si no favorecerse no impedirse, resulta transcendental para la regeneración de las especies. Momento clave en el que se inician nuevas vidas para “reponer” lo que va dejando de existir.

Como ejemplo, un agostado monte mediterráneo arbolado de encinas (Quercus ilex) y pinos (Pinus halepensis). Un fuego que mata su vuelo o cubierta vegetal. En condiciones normales, las encinas vivirán rebrotando de cepa o de raíz, gracias a las yemas y la regeneración vegetativa o asexual. Los pinos morirán por el mismo fuego que permite la apertura y dispersión de las semillas latentes en sus piñas que permanecían en el árbol antes del fuego.

En condiciones propicias para los pinos, estos vuelven a vivir en el lugar tras su germinación y arraigue, con nuevos individuos distintos a los muertos, es la regeneración germinativa o sexual.

FACTOR HUMANO

De la persona a las civilizaciones, nos hemos convertido en un factor propio. Aun siendo seres vivos, hace tiempo que nuestra huella afecta a la geología, el clima, resto de seres vivos, orografía, suelos, hidrosfera, atmósfera… Vemos nuestro rastro pensando que no podemos evitarlo y que como persona no podemos hacer algo.

Se puede hacer y mucho. Comienza con el compromiso de aprender de nuestro entorno, con el fin de que su conocimiento sea parte de nuestro bagaje vital.

Conocer, localizar y propagar si procede, parece estar fuera del alcance de la mayoría de la ciudadanía. Quizá haya llegado el momento de proponer una ley de siembra silvestre, con sus cotos y especies propagables, épocas de siembra y mantenimiento, y con sus artes permitidas. Hasta entonces, hay personas, grupos y asociaciones que pueden ayudar y ser ayudados en estas tareas, desde la afición hasta la profesión, con el compromiso y los medios que cada cual crea o cree a su alcance.

fondo

El Boletín de ARBA

*****************************

Te invitamos a dejar tu comentario al final de la página. ¡Gracias!